jueves, 28 de octubre de 2010

EL SEÑOR HA RESUCITADO

          “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado!” (Lc 24,34). Con esta fórmula resume Lucas la afirmación decisiva de nuestra fe. El movimiento de Jesús hubiera concluido con el fracaso de la cruz y la dispersión de sus seguidores si no hubiera sido por ese acontecimiento excepcional con el cual todo comenzó de nuevo. La proclamación de la resurrección de Jesús es absolutamente fundamental y sin ella no habría fe cristiana. Y es en la veracidad de esta afirmación donde nuestra fe se juega su ser o no ser. Porque, como señaló ya en los primeros tiempos el apóstol Pablo, si Jesús no hubiese resucitado la predicación sería vana y seríamos los hombres más dignos de compasión (1 Cor 15, 14.19).
           

           El mensaje sobre la resurrección de Jesús contradice nuestra experiencia diaria sobre la muerte, que se nos presenta como algo definitivo, sin posibilidad de retorno. Es por eso  por lo que su aceptación no ha estado exenta de problemas. Ya en los relatos evangélicos podemos descubrir huellas de las dudas y de la incredulidad con la que algunos recibieron la noticia. Dos mil años después de aquellos hechos, ¿es posible sostener razonablemente nuestra fe sobre la resurrección de Jesús? ¿Fue la resurrección un acontecimiento real, o se trata de algo meramente simbólico, de un mito legendario? ¿Qué razones podemos ofrecer para que no se nos acuse de que nuestra fe en la resurrección de Jesús carece de todo fundamento?
          

            La resurrección de Jesús es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. Se trata, ciertamente, de un acontecimiento único, difícil de reducir a esquemas o conceptos conocidos. Pero, pese a todo, dejó huellas que aún podemos reconocer y que nos permiten afirmar que nuestra fe en la resurrección de Jesús no es irracional, sino que se puede fundamentar sólidamente de un modo racional. Vamos a reflexionar brevemente sobre algunas huellas, signos y testimonios que nos pueden servir para fundamentar racional y críticamente nuestra fe en la resurrección de Jesús.
          

            a.- El enigma del origen del movimiento cristiano.
           
           Es un hecho incuestionable, incluso  para los historiadores no cristianos, que el movimiento de los seguidores de Jesús comenzó a tener importancia tras su muerte. Del mismo modo, es también indudable que la muerte de Jesús en la cruz (cuyo carácter histórico hoy nadie discute) significó, de modo inmediato, el fracaso de la causa de Jesús y el abandono y la fuga de sus seguidores. Sin embargo, es también un dato histórico indiscutible el que, poco tiempo después de la muerte de Jesús y de la fuga de sus seguidores, éstos regresaron y proclamaron con un entusiasmo que nada tenía que ver con su abandono anterior, que Jesús había resucitado. ¿Cómo explicar históricamente esta situación? ¿De dónde sacaron sus seguidores la fuerza para llevar la buena noticia hasta los confines del Imperio Romano? Un examen histórico del origen del cristianismo nos conduce inevitablemente a la conclusión de que algo excepcional, como una gran explosión, aconteció tras el fracaso absoluto de la muerte en la cruz. ¿Cuál fe la “chispa” que, tras la catástrofe, desencadenó el desarrollo del nuevo movimiento? La única explicación que da razón suficiente de este espectacular comienzo es la de que fue el convencimiento de los seguidores de Jesús de que éste realmente había resucitado lo que desencadenó el comienzo del nuevo movimiento. Tal y como sucedieron las cosas, no es razonable sostener que fue la fe de los discípulos en Jesús lo que originó su fe en la resurrección, sino que fue más bien la experiencia de éstos de que Jesús vivía lo que desencadenó la nueva fe en Jesús. La resurrección de Jesús sorprendió completamente a sus discípulos y, además, se situaba totalmente fuera de lo que éstos razonablemente podían esperar. En definitiva, sólo si la resurrección fue algo real para los discípulos es posible explicar razonablemente los orígenes del movimiento de Jesús, tras su muerte.
          

            b.- Los primeros testimonios.   
           
           Los exégetas coinciden en señalar que el texto escrito más antiguo que proclama la resurrección de Jesús se halla en la primera carta a los Corintios de Pablo, capítulo 15, versículo 3 y siguientes: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se  apareció a Cefás y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde a los apóstoles”. Es sabido que Pablo escribió la primera Carta a los Corintios hacia el año 56 o 57 a más tardar y, probablemente, hacia el año 54. En ella les recuerda lo que ya les había dicho en su estancia en esa ciudad, estancia que se produjo hacia el año 50. El tiempo en el que Pablo recibió esa catequesis (no olvidemos que dice que “os transmití (...) lo que a mi  vez recibí”) debió ser entre los años 35 y 37, cuando visitó en Jerusalén a Pedro y Santiago. Esto significa que la formula que se expresa en este texto se había ya fraguado tan sólo  de tres a seis años después de la muerte de Jesús. Ni que decir tiene la gran trascendencia de todo esto, pues ello supone que esta primitiva formulación de la resurrección de Jesús se remonta a muy pocos años después de la muerte de Jesús y se apoya en el testimonio de numerosas personas que todavía vivían y a las que se podía consultar. Difícilmente la buena noticia hubiera podido extenderse si la palabra de esos testigos no hubiera sido digna de crédito para quienes la escucharon, todo lo cual apunta a que esos testimonios expresaban un acontecimiento que, para ellos, era absolutamente real.
          

            De otro lado, los relatos evangélicos sobre las apariciones constituyen también un testimonio sobre la resurrección de Jesús. Si bien su elaboración es seguramente mas tardía y en estos relatos son numerosos los datos contradictorios, lo cierto es que
es posible la reconstrucción de estos acontecimientos pascuales, cuyo último núcleo histórico no es posible desconocer.
          

            c.- El sepulcro vacío.
          
          Es cierto que el sepulcro vacío ni es en sí mismo una prueba de la resurrección de Jesús ni fue interpretada, en el primer momento, en ese sentido por quienes lo descubrieron. Pero no es posible tampoco dudar de su carácter histórico. En su favor no sólo está el testimonio múltiple de los cuatro evangelistas, sino también un dato obvio: sin tumba vacía no se habría podido anunciar la resurrección de Jesús en el ámbito judío, sobre todo en Jerusalén; además, los judíos, en polémica con los cristianos, no negaron el hecho del sepulcro vacío, sino que lo interpretaron de otro modo. La historicidad del sepulcro vacío encuentra también un buen apoyo en los textos históricos sobre el redescubrimiento del sepulcro en el siglo IV, tras la conversión del emperador Constantino. En definitiva, el sepulcro vacío es también, a su manera, un “signo” o “huella” de la resurrección de Jesús. 
          

            d.- Otro testigo mudo de la resurrección: la Sábana Santa de Turín.
          
            En Turín se conserva un lienzo, conocido como la Síndone o Sábana Santa, que, según resulta de los numerosos estudios científicos a los que ha sido sometido, fue el utilizado en la sepultura de Jesús de Nazaret. Este lienzo refleja con un realismo aterrador las torturas y tormentos a que fue sometido Jesús antes y durante la crucifixión. Pero, igualmente, en la Sábana Santa de Turín los científicos han encontrado huellas sorprendentes que indican que este lienzo es el testimonio silencioso pero elocuente de la resurrección de Jesús.
          

            Con la muerte de la primera generación de cristianos desaparecieron los testigos directos de la resurrección, lo que debió contribuir a que surgieran dudas entre los nuevos seguidores, a las que se dedica la conocida admonición  “dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20,29). Sin embargo, y pese a los dos mil años transcurridos, como hemos visto brevemente en estas líneas, todavía es posible hoy, sin que ello contravenga nuestra inteligencia, gritar con júbilo como aquellos primeros discípulos “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado! “.

      Fernando Renau (apologetica.org)
        



sábado, 2 de octubre de 2010

BENDICION Mª STMA. DE LA VICTORIA (11-MAYO-1997)

          Uno de los proyectos que con mayor tesón se acometió en el seno de la Junta de Gobierno de la Hermandad, y que más ilusión despertó entre sus componentes y hermanos , fue el ver realizada la talla de Nuestra Madre bajo la advocación de Victoria.

          Desde que se formalizara la ejecución de la obra con el imaginero sevillano D. Antonio Dubé de Luque, la Junta de Gobierno confeccionó un amplio programa de actos, edición del cartel anunciador de la Bendición, acto de presentación en sí y la Eucaristía de Bendición, para lo cual la Junta de Gobierno contacta con el Obispado de Huelva para contar con la presencia de nuestro Obispo, Rvdsmo. Sr. D. Ignacio Noguer Carmona.

          Todo estaba preparado para que el día 11 de Mayo de 1997, la Imagen de Mª Stma. de la Victoria fuera solemnemente bendecida en la Parroquia de Ntra. Sra. de las Angustias, y expuesta al culto de hermanos y devotos.

           Nuestra Imagen Titular llegó a Ayamonte de noche. Acompañada por un reducido grupo de hermanos directivos de la Hermandad. Es dirigida hasta el Convento de Santa Clara de las Hermanas de la Cruz, que la acogieron hasta el tan esperado día de su Bendición. Las Hermanas de la Cruz dispusieron una sala que fue la primera casa de la Imagen. En dicha sala queda colgada una fotografía de Mª Stma. de la Victoria como recuerdo de su estancia en el convento. La Hermandad no tiene palabras de agradecimiento para este grupo de religiosas que tanto hacen por los mas necesitados.

          Llegó el momento esperado por todos. Orgullosos de ver que nuestra humilde Hermandad tenía un camino serio y claro de trabajo. Todos los asistentes al Acto quedaron admirados de la belleza de la Imagen, reconociendo el esfuerzo de la Junta de Gobierno, y por la forma de hacer las cosas de este grupo de jóvenes cofrades.


          El pasillo central  de la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias vestido de gala con alfombras rojas, se llena de blanco y verde de las Albas de los miembros de la Junta de Gobierno y Junta Joven, que ofician de Acólitos, seguidos por el Estandarte de la Hermandad y un nutrido grupo de hermanas directivas ataviadas con mantillas. En primer término, a la izquierda de la fotografía, vemos al imaginero D. Antonio Dubé, autor de la talla, que no podía faltar al acto de Bendición de la primera obra que realizaba en la provincia de Huelva.


         Como acto solemne, todos los párrocos de la ciudad, los Padres Paules, Francisco Salinero, Ignacio Caballero y Felipe Ortíz Sánchez, concelebran la Eucaristía junto a nuestro Obispo y sacerdotes del  Obispado.


          El Altar Mayor de la Parroquia totalmente engalanado con buqués de gladiolos blancos, desde donde el Obispo Diocesano D. Ignacio Noguer nos sitúa en la importancia de la celebración, y nos invita a todos  a reflexionar sobre la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo y  a entender la alegría de su Madre.


          Miguel Reyes López, Bella y Carmelo Reyes Evangelista, Verónica Malia, Angel Ramos, Miguel Rodríguez Rico, Alícia, Consuelo Romero, Juan Manuel López Ramos, Francisco Vázquez Madera, Tate, Ana Isabel Vázquez, Antonio Ramos, José Antonio López Ramos, Juan José Gómez Santana, Rafael Reyes y María José Malia, son las personas que vemos en estas fotografías y que, con el resto de miembros de la Junta de Gobierno y Junta Joven, hicieron que este acto se recuerde con muchísimo cariño por todos los allí presentes



          La Junta de Gobierno, de alguna manera, quería "entregar" a Mª Stma. de la Victoria a todo el pueblo de Ayamonte y darle a este acto de Bendición un sentido más espiritual que material. No se pretendía solo el tener una Imagen de María para procesionar cada Semana Santa. Por ello se propone y acepta por unanimidad de la Junta, que los Padrinos de Bendición fueran los Patrones de la ciudad, las imágenes de San Diego de Alcalá y de Ntra. Sra. de las Angustias.

          La Comisión de San Diego y la Hermandad de las Angustias recibieron encantados nuestra petición, que aceptaron sin dudar. Y como no podía ser de otra manera, sus cargos más representatívos estuvieron presentes en el acto, en las personas de D. Joaquín Casiñas y D. Enrique Rodríguez, respectivamente, como se aprecia en la fotografía.


          La Homilía del Sr. Obispo, entre otros grandes mensajes, nos deja claro la importancia de la Resurrección; además de animarnos a seguir adelante en la proclamación de este Misterio.


          Todas las hermandades y grupos cristianos de la ciudad entregaron un recuerdo a la nuestra en este día, así como varios hermanos y devotos. Rosarios, cuadros, jarras, flores y un largo etcétera fueron recogidos por los concelebrantes en la Ofrenda de la Eucaristía, y puestos a los pies de nuestra Imagen Titular, que esta Hermandad recibió con mucho orgullo, sintiéndonos arropados por la Comunidad Cristiana de nuestra ciudad.











          La Parroquia, Sede Canónica de la Hermandad, lucía sus mejores galas para tan importante evento. No había ningún hueco en los bancos para sentarse, y se habilitaron sillas para que todos los presentes pudieran acompañar a Mª Stma. de la Victoria. Magnífico el trabajo de los hermanos encargados del protocolo del acto.

          La Imagen de su Hijo estaba junto a ella, presidiendo el Altar durante el Tiempo Pascual. Al fondo, en su precioso camerín, nuestra Patrona y Madre de todos los ayamontinos, la Virgen de las Angustias, parecía sonreir. A los pies de la Victoria, una réplica de nuestro Patrón san Diego de Alcalá.



          Nuestro Obispo D. Igancio Noguer se dispone a Bendecir a Mª Stma. de la Victoria, ayudado por otros miembros de la Junta Joven, como Emilio Gutiérrez y Alberto Fernández. No hay palabras, momento de recogimiento y regocijo a la vez.






          Mª Stma. de la Victoria ya es de Ayamonte. Y Ayamonte la quiere tener cerca, le quiere dar las gracias con un susurro, sin palabras, con la mirada, y Ayamonte sabe como hacerlo.

          Tras la Eucaristía, María Santísima es expuesta en Besamanos a los pies del altar de la Parroquia, para que todos los devotos que así lo deseen se acercan a Ella.




















          Esta foto nos muestra a la Junta de Gobierno y Junta Joven, así como a sus acompañantes, formando todos una gran familia llamada HERMANDAD.



          La siguiente instantánea deja grabada en el recuerdo e historia de la Hermandad, a los miembros directivos de la Junta de Gobierno y Junta Joven.


          Mª Stma. de la Victoria es por si sola una talla preciosa, fina, que transmite, pero el toque maestro de nuestro Camrista y sus ayudantes hace que luzca, aún más bella.

          D. Enrique Muníz Pérez, encargado de vestir nuestra Imagen, aparece en esta fotografía junto a Gema Aguilera (a su derecha9, Verónica Malia Ojeda y Bella Silva. El Hermano Enrique ostenta el título de Camarista de Honor de la Hermandad, ya que actualmente está retirado de estos menesteres por su edad.


          JUNTA JOVEN: Detrás de izquierda a derecha de la imagen, Juan Manuel López Ramos, Tate, Alberto Fernández, Emílio Gutiérrez, Francisco Vázquez Madera, Rafael Reyes. Delante de izquierda a derecha, Bella Reyes Evangelista, Consuelo Romero, Alícia, Verónica Malia Ojeda, Carmelo Reyes Evangelista, Consuelo Romero y Mª josé Malia Ojeda.


          JUNTA DE GOBIERNO: Detrás de izquierda a derecha, Antonio y Angel Ramos González, Manuel Vázquez Madera, Mariano Sánchez de la Rosa. Delante de izquierda a derecha, Miguel Rodríguez Rico, José Antonio López Ramos, Juan José Gómez Santana, Miguel Reyes López y  Antonio M. Martín Santana.


          En todos los actos que organiza la Hermandad hay personas anónimas que aportan su granito de arena y que no salen en las fotos. A todos, la Hermandad les estará siempre enormemente agradecidos, por que esta HERMANDAD la formamos todos, Juntas de Gobierno, Hermanos, colaboradores, patrocinadores, devotos, Parroquia, los que están, han estado y los que nos sucederán.




Para ver el vídeo del acto clic en:   1ª PARTE
                                                     2ª PARTE
      
"Yo soy la resurrección. El que crea en mí, aunque muera vivirá..."(Jn 11)